Conoce la función de la espuma en la cerveza

Disfrutar de un buen trago de cerveza es uno de los placeres más sencillos y a la vez más plenos de la vida. En casa o en las bares, en compañía o en un rato a solas de desconexión, una dosis de este brebaje ancestral siempre sienta bien, y si está bien tirada, mejor.

De todos es sabido que el primer sorbo de la cerveza es, con diferencia, el mejor. Su sabor intenso recorre la garganta y, además, su espuma densa y suave acapara todos los rincones de nuestro paladar. ¡Incomparable! Incluso en las cervezas sin alcohol, como la Clausthaler, su presencia resulta deliciosa. Ahora bien, ¿qué más esconde esta capa espesa que corona la dama del alcohol?

Su verdadera función

Sería muy romántico decir que el giste (porque así se llama técnicamente la espuma de la cerveza) tiene la única función de hacer feliz a la humanidad, pero eso sería faltar a la verdad. Aun así, su cometido sigue teniendo un fin más que noble: proteger a la cerveza.

En efecto, la cerveza ha resultado tan atractiva a lo largo de la historia por su sabor incomparable y su fuerza en el paladar, por lo que protegerla de la oxidación resultante cuanto entra en contacto con el oxígeno del exterior es fundamental para mantener tanto su aroma como su sabor. Mientras haya espuma, todas las propiedades de la cerveza están a salvo, por lo que tampoco debemos de darle tiempo para que desaparezca. 

La aparición de la espuma se genera tras la subida a la superficie de burbujas de dióxido de carbono que liberan el aroma de la cerveza y provocan una sensación conjunta de olor y sabor en quien la está consumiendo. 

Para favorecer que la cerveza cree espuma debemos tener en cuenta dos cosas. La primera de ellas es que cuanto más alcohol posea, menos espuma hará, por lo que si amamos el giste, lo mejor es buscar una cerveza con graduación media. En segundo término, el vaso debe estar lo más limpio posible. 

En Vega y Gijón somos distribuidores de Clausthaler en Canarias y de cervezas al por mayor.